De la homilía de Benedicto XVI en la inauguración del año de la fe

Comienzo el blog, que actualizaré a diario, con meditaciones o textos sobre la fe. Un compromiso y un servicio al mismo tiempo, que confío en que me ayude a mí tanto como pueda ayudar a otros en este camino.

Después de escuchar la Homilía de Inauguración, creo que se han establecido varias cuestiones principales que marcarán todo este año. No son novedosas, precisamente por eso conviene siempre recordarlas:

  1. La referencia indiscutible del Concilio Vaticano II, con su simbolismo y con los siete mensajes que fueron entonces proclamados. No se trata de recordar, ni de sentir nostalgia, sino de vivir su impulso e ir más allá de la conmemoración, es decir, movernos espiritualmente, dejarnos mover por el Espíritu.
  2. Poner a Cristo en el centro. De todo. Del cosmos y de la propia vida, también de la Iglesia. Vivir por tanto centrados y concentrados cristológicamente. También, en la misma lógica, reunidos, con algo más que un común denominador. Unidos, adheridos, incorporados.
  3. Se hace misión. En referencia al Evangelio de la celebración, Lc 4,18. La iglesia es el instrumento principal en esta misión que nace en el Padre. Dentro de esta misión y unidad, que conserva al mismo tiempo que lanza al mundo, se necesita una mayor eficacia comunitiva, un anuncio más claro a todos los pueblos, que consiga llegar al corazón de cada hombre y aportarle la salvación.
  4. Reavivar tensiones positivas, que nos hacen avanzar, despertando del letargo, la comodidad, las falsas seguridades.
  5. Volver a las letras del Concilio, acertando con una adecuada hermenéutica, con una correcta interpretación, llegando al espíritu del mismo.
  6. El vacío de un mundo sin Dios. Que nos agita y preocupa como cristianos, como creyentes. Experiencia que ahora, como nunca se ha hecho cotidiana y práctica. Evangelizar significa dar testimonio de Cristo vivo y presente, en medio de un mundo que ha cerrado ojos y oídos, para no ver y escuchar, que no quiere preguntarse.
  7. Un año en desierto, como en el camino de la vida, siendo peregrinos.