15-nov. La Sagrada Escritura en la vida de la Iglesia

Éste es el final del capítulo segundo, en forma de recopilación de cara a la vida práctica de la Iglesia y de todo cristiano. Y me hace recordar que existe algo llamado “Lectorado”, un ministerio menor que se entrega en el camino al sacerdocio, que recibí en una pequeña y sencilla celebración en medio de los escolapios jóvenes de mi provincia, en la casa en la que por entonces vivía. Recuerdo perfectamente que, siendo un paso tan pequeño aparentemente, para mí supuso un momento importante en un tiempo de crisis personal y vocacional. Quise abrazarme y confiar especialmente desde entonces en la Palabra, haciendo de ella algo esencial en mi camino. No era la primera vez que lo pensaba, ni que lo quería, sinceramente. Pero entonces lo necesitaba, y lo pedí encarecidamente en mi interior: “Señor, dame luz con tu Palabra.”

Pequeñas experencias como ésta, y tantas otras, recorren mi vida y mi relación con la Sagrada Escritura, educándome en mi camino personal y cristiano. Antes de anunciarla a otros, ha hecho conmigo un trabajo serio, e intenso. Me alegro de poder proclamar con seguridad que Dios, con su Palabra, siempre se ha mostrado cercano, prudente cuando correspondía, y exigente cuando tocaba. Y, lo quiera o no, está en mi día a día, y dice lo que tiene que decir. Hay días que la recibo con intensidad, otros que su fuerza es más discreta. Pero siempre está, siempre acompaña, y va fortaleciendo cada jornada son sus peripecias y aventuras, sin dejarme indiferente.

Habiendo vivido esto, para mí es fácil comprender que se diga que la Sagrada Escritura es fundamento y fuerza de la Iglesia. Quien tiene presente la Palabra también es capaz de iluminar su historia, y la de otros. Viene en su ayuda interiormente, y puede reconocer su presencia en la realidad, actuando en el mundo. Me ha hecho fuerte en la fe, con una confianza y disposición que no he labrado yo mismo, sin más; una actitud y libertad que ha sido sembrada, poco a poco, por el trato mayor y más inteligente, por la escucha más y más paciente cada jornada.

Así entiendo que la Palabra es el alma de la teología, de lo que decimos de Dios, y también de la misión de la Iglesia, en la predicación y en la pastoral. Sin duda alguna es alimento de vida, requisito para quienes se debilitan en su fe, porque encuentran en ella firmeza, y para los que están en momentos de mayor consolación, ya que el Espíritu les empujará a una semajanza más perfecta con el Señor. ¡Cómo no recomendar su lectura diaria! A mí, que me encanta disfrutar de los clásicos y de diversas lecturas, la Sagrada Escritura, con su lectura y evangelio diario, me parece esencial. Ojalá pudiera además ser compartida cotidianamente.

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Un pensamiento en “15-nov. La Sagrada Escritura en la vida de la Iglesia

  1. Amén. Es un placer leerte. A veces me veo muy reflejado en lo que escribes… esta es una de ellas. Gracias sean dadas al Padre, en el Hijo por el Espíritu Santo. Rezo por ti.

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