30-oct. Cristo Jesús, mediador y plenitud de toda revelación

Antes de hablar de Cristo Palabra, el Catecismo se refiere a la fragmentación de la revelación anterior. Y nos invita a comprenderla de este modo, en la verdad de una experiencia y revelación que no estaba completa, y que quería más, y que alcanza su culmen y máxima expresión posible en Cristo. Si Cristo es la Palabra completa y definitiva del Padre, podemos decir que con anterioridad Dios había hablado con palabras particulares y concretas, en diálogo sincero con el pueblo, en respuesta en gran medida a sus necesidades y demandas dentro del progreso de la historia de la Salvación. Estas palabras “pequeñas” e incompletas le iban capacitando para acoger la Palabra en el culmen de la historia. De este modo se señala la validez y eficacia de las mediaciones, diversas y múltiples de la etapa anterior, al tiempo que se da un salto cualitativo en su recapitulación y máxima expresión en Cristo. No se trata sólo de un aspecto cuantitativo, sino de un salto de lo parcial a lo total, de lo fragmentado a la unidad. En Cristo está todo lo anterior recogido como promesa, y se expandirá su Palabra como prolongación y desarrollo de lo que Cristo es. Así se constituye en centro de toda la historia, en fuente y culmen.

Por otro lado, se subraya la importancia de Cristo como Palabra única. Dios no tiene más Palabra que la del Hijo, que ha sido entregada por completo a los hombres, haciéndoles llegar así su designio y voluntad salvífica, y entablando con ellos un diálogo, más allá del cual ya no se puede decir nada más. Todo ha sido dicho, por parte de Dios, en Cristo Jesús. De modo que el hombre que quiera conocerle, buscarle y dialogar con Él, lo hará a través del Hijo.

La experiencia de la mediación humana es imprescindible. El hombre no tiene acceso a nada si no es “a través de”, sean palabras, sean ideas, sean experiencias, sean sentimientos, sean tradiciones. Todo está mediado para el hombre. Y estas “mediaciones o intermediarios”, puestos en medio de aquello que se busca y la persona, pueden en ocasiones ser facilitadores o impedimientos, como si se tratase de grados de trasparencia y de autenticidad. En ocasiones experimentamos la dificultad para llegar a la esencia por la incapacidad de la mediación, como puede pasar en clase con un buen o mal maestro, o en casa con un buen o mal padre-educador, o con un amigo en tanto que mediador del don de la amistad, o con un libro o escrito en tanto que mediadores de la sabiduría, o incluso con un chiste como mediador del humor y de la alegría. De modo que, cuando decimos que Cristo es mediador, afirmamos al mismo tiempo dos cosas: que en Él tenemos acceso libre y confiado al Padre, porque ha roto el muro que nos separaba de la Vida, de la Verdad, del Bien, de Dios mismo; y que Él es absolutamente trasparente, por tanto, al Padre siendo Dios mismo, haciendo de facilitador y de Camino para el acceso a Dios. Por un lado, Cristo en su humanidad acoge y da a comprender al modo humano, por otro hace explícito el contenido de la revelación.

Las tres cuestiones de hoy me parece que son elementos configuradores de la experiencia cristiana, al tiempo que purifican nuestra fe de idolatrías y de falsedades. No se trata de sólo Cristo, o de sola Palabra, sino de reconocer en Cristo, en toda su realidad, como mediador de Dios perfecto y como plenitud de la revelación. Existen por tanto otros caminos, fragmentados, que también nos acercan a Dios, acercándonos poco a poco a Cristo, que es la plenitud de todo lo anterior. Y existen, como no puede ser de otro modo, más signos y muchas ayudas para la vida cristiana, que nos permiten comprender y actualizar nuestra fe y armonizarla con la vida, pero tendrán en Cristo su centro. No son palabra nueva, sino desarollo o comprensión de lo que ya ha sido mostrado en el Hijo, y en Él tendrán su luz y fuerza verdadera. Así la Iglesia ha expresado que el Espíritu Santo es el Espíritu del Hijo, que nos hace vivir como hijos adoptivos. Y así la experiencia cristiana reconoce en la tradición que se ve orientada, cada vez más, hacia Cristo como cabeza, en quien se recapitula todo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s