21-oct. Fidei depositum

A la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica le antecede una Constitución Apostólica, es decir, una carta de presentación solemne en la que se expresa tanto el motivo y sentido del mismo, como su intención y proyección bajo el título Fidei Depositum (Depósito de la fe). Así se entiende, en parte la Iglesia, con la misión de guardar y conservar la fe; no de aumentarla, hacerla crecer, inventarse cosas nuevas, adaptar otras, cortar y recortar, sino de fidelidad y de acogida alegre. El Espíritu Santo, en esta tarea, irá recordando y centrando la inteligencia y los corazones de los hombres. Es el encargo que el Señor le concedió a ella, de escuchar y meterse en el corazón estas palabras, de abrazar “la mejor parte”, de “meterse en los oídos estas palabras”. Y de esta misión, este catecismo y el sentido de todo el magisterio (enseñanza de la Iglesia), siempre en referencia a la relación que Dios ha entablado con el hombre en el Hijo y por el Espíritu, y ante la que el hombre responde con su propia fe y vida. El servicio de la Iglesia entonces, lejos de ser para sí, debe ser para el Señor y a la escucha de la Palabra.

  1. El encargo, como tal, nace en el Concilio Vaticano II. Busca hacer asequible y explicar mejor la fe en su conjunto, la doctrina cristiana para creyentes y no creyentes. Y entablar así un diálogo con ellos.
  2. Pretende mostrar serenamente la fuerza y la belleza de la fe, abandonando otras posturas, como la condena de los errores de nuestra época. Y así lo dice literalmente. Por lo tanto, se sitúa en el horizonte del anuncio y de la evangelización, de la proclamación de una Buena Noticia, del compartir generoso de una gran riqueza que hace plena la humanidad que todos llevamos y da respuesta a  nuestras inquietudes y preguntas.
  3. Un texto de referencia, no una palabra última y definitiva, que debe concretarse en cada situación y circunstancia convenientemente. No basta con dar el catecismo por ahí, ni repartirlo por las calles. Su lugar propio, según el deseo de quienes lo redactan y de la misión que cumple está en ser referencia. Adaptando a la vida de los cristianos.
  4. Nace de la Biblia y de la Liturgia de la Iglesia, de lo que Dios dice y de lo que los hombres celebran, de lo que Dios comunica y del don que hace Dios de sí mismo.
  5. Una tarea emprendida universalmente, en la que ha participado toda la Iglesia. A diferencia de otros libros, que llevan autor claro y definido, surge del sentir de los fieles, y ha sido consultada dicha fe a lo largo de sus nueve redacciones. Una tarea que podemos definir como expresión de una comunión que va más allá del parecer de muchos; un libro que nace de la búsqueda y de la recta intención e interpretación de la Iglesia misma. Una sinfonía de la fe, en la que suenan distintos instrumentos y voces.
  6. Estructurado en cuatro partes: el credo, la liturgia, el obrar cristiano, y la oración cristiana.

Lo firma S.S. Juan Pablo II después de orar por todos aquellos que se entregan a la labor catequética en la Iglesia, que son muchos, y de presentarlos a todos en comunión ante María.

Mañana más. Y mejor.

AMPI

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